
En el diario La Nación, hace unos días atrás salió una nota que habla de parejas que deciden no tener hijos. No porque no puedan (al menos desde el punto de vista biológico), sino porque no quieren.
La verdad es que hace muchos años atrás, me hubiera espantado. Pero ahora, que tengo hijos, si bien los amo y son lo mejor que tengo, los puedo entender un poco más.
A estas parejas se las conoce como DINK (doble ingreso, sin chicos, según las siglas en inglés) y priorizan su independencia económica, el desarrollo profesional y disfrutar del tiempo libre.
Para ver la nota en el diario: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1242613
Y como siempre me pasa, no puedo evitar ver el resultado de la encuesta que incluye la nota, el cual me sorprendió mucho. La pregunta es si uno está de acuerdo con los DINK.
Sí
50.54%
No
49.46%
La verdad es que en general, me parece mal opinar sobre las decisiones de vidas ajenas. Pero esta vez no pude evitar votar. Y estoy por el Sí: sí estoy de acuerdo con que cada uno haga lo que quiera con su vida.
Cuando uno decide tener hijos no tiene mucha idea de qué significa esta decisión en realidad. Creo que es imposible imaginar el cansancio de los primeros meses, o el cambio tan radical en la vida de uno, de la pareja, costumbres, etc. Sobre todo uno (al menos yo) está muy intoxicado por imágenes como las que muestra Johnson & Johnson en sus comerciales, donde todo es maravilloso y tranquilo. Pero como dije en algún post anterior, me parece que a esos bebés los dopan con lavanda antes de empezar a filmar. Y que deberían aclarar un poco más cuando en el slogan dicen que un bebé te cambia la vida.
En mi caso, no sé qué no cambió desde que nacieron mis hijos. Y eso que si algo yo tenía claro en mi vida es que iba a tener hijos. Y la verdad es que a partir de los 30 años estaba bastante ansiosa por tenerlos.
Apenas me enteré de mi primer embarazo estaba tan feliz que no podría ni describirlo. La vida me sonreía. Estaba profundamente agradecida y los comerciales de Johnson & Johnson me emocionaban, aunque dijeran “no más lágrimas”.
Una vez que nació Sofi, si bien seguí feliz, empecé a asustarme un poco. Sobre todo porque las dos noches que pasamos en el hospital casi no durmió. Cuando me dieron el alta y me dijeron que nos podíamos ir a casa con nuestra hija me agarró pánico. ¿Y ahora qué hago?, pensaba. ¿Y el manual de instrucciones?
La verdad es que ser madre es maravilloso, uno conoce un amor más fuerte y profundo. Pero hay que decirlo: hay veces que resulta agotador, abrumador.
No sé si alguna vez volví a dormir 8 horas seguidas. Aunque ahora ellos duerman toda la noche ya no es igual. Para empezar me despierto todos los días muy temprano (incluso los fines de semana). Y escucho hasta el más mínimo ruidito que hagan de noche, aunque yo esté totalmente dormida.
Volviendo a la nota del diario, decidir no tener hijos me parece un poco fuerte, sobre todo siendo mujer, que llegada una edad determinada, tenemos que cantar alpiste. Y por más que la ciencia haya avanzado muchísimo y las edades están cada vez más corridas, bueno, las mujeres expiramos en nuestra capacidad reproductiva en algún momento. Los hombres no tanto. Con lo cual tienen casi todas sus vidas para ver qué onda. Y no está nada mal. Porque uno siempre puede equivocarse, uno puede arrepentirse. Y no creo que mucha gente tenga una decisión así tan irreversiblemente tomada. Siempre hay mil posibilidades y variables.
Pero si uno decide algo así, y patinarse todo su tiempo en sí mismo, todo su dinero en vacaciones, viajes, ropa, etc… aunque yo volvería a elegir ser madre, la verdad es que, en el fondo de mi corazón, siempre los envidiaré un poco. Sobre todo si encima duermen hasta tarde los fines de semana.