Las mujeres deciden.

Como algunas veces les conté, trabajo en publicidad desde los 18 años, o sea, hace un buen tiempo. Y a lo largo de todos estos años, siempre sentí una diferencia por ser mujer. Y no para bien.

Todo cambió cuando me fui a vivir a Nueva York, donde las cosas funcionan más normalmente, no sólo con respeto a la cuestión de sexo, sino de horarios y de dinero.

De vuelta en Argentina, es difícil tratar de cambiar las cosas. Sobre todo porque quienes dominan la industria son hombres. Y les va muy bien. Entonces, ¿por qué cambiar?

Navegando un poco por internet, llegué a Rethink: http://www.rethink.es/. Y empecé a sentirme más acompañada y optimista. Rethink es un ciclo de conferencias que hablan de marketing y comunicación, con 9 ponentes de 6 países y 4 continentes. Rethink está sucediendo en Barcelona en este momento. Y este año (es el quinto consecutivo) se llama Rethink her. O sea, se basa en el papel de las mujeres en este mundo capitalista.

Quisiera compartir con ustedes algunos datos que encontré en la página de Rethink:

ELLAS DECIDEN

Así se desprende de un estudio llevado a cabo por The Boston Consulting Group (BCG) en el que participaron más de 12.000 mujeres procedentes de 22 países a lo largo de 2008.

  • La mujer toma el 91% de las decisiones de compra del planeta.
  • Las mujeres realizan el 70% de las compras a nivel mundial.
  • En el próximo lustro el volumen de compra anual del segmento femenino aumentará hasta alcanzar los 15.000 billones de dólares (casi 11.000 billones de euros) en todo el planeta.
  • El 85% de las decisiones de compra las toman ELLAS en Estados Unidos
  • El 70% de las decisiones de compra las toman ELLAS en Europa
  • Las mujeres han gastado un 8% más que los hombres en 2008.
  • En 2008 las mujeres fueron el target del 65% de las compras.
  • Las mujeres son más fieles a las marcas y si les gusta, la recomiendan hasta 27 veces.
  • El 91% de las mujeres no se sienten comprendidas ni representadas por las marcas

Rethink her afirma que ésta es la era del marketing dirigido por y para mujeres.

Más o menos al mismo tiempo encontré otro sItio en internet que respalda totalmente todo lo anterior: http://www.adwomen.org/

Aquí sólo unos datos sorprendentes:

  • Las mujeres compran el 50% de los coches.
  • El 40% de consumidores de Jeep son mujeres.

Sinceramente, no creo que la comunicación en Argentina refleje esta realidad. Creo que seguimos siendo machistas, tanto hombres como mujeres.

Para empezar a mejorar las cosas, sólo quisiera pedir, POR FAVOR, basta de mujeres boludas bailando en todos los comerciales, ya no importa el producto. Basta de comerciales copy-paste.

Además, maten a Mr Músculo. ¿Tuvieron que hacer un dibujo porque no consiguieron a ningún hombre dispuesto a limpiar?

Ayer veía un comercial de Mr Músculo, uno que vende un producto para el baño. La mujer, al encontrarse el baño todo sucio dice: “todos se divierten en el baño, menos yo.” Ahí aparece Mr Músculo, que se va volando mucho antes de ayudar a la pobre infeliz señora que seguro se va a divertir como loca limpiando el inodoro y todo lo demás (sí, sí, comprendo que “la idea” es que el producto hace el trabajo.)

Para cerrar, quisiera decir que en el mundo, las mujeres habremos empezado más tarde a votar, a ser profesionales y a ser empresarias, pero llegamos. Llegamos.

Louis Vuitton trash bags: ¿extravagancia o cinismo?

Estaba viendo las nuevas carteras modelo bolsa de basura de Louis Vuitton, diseñadas por Marc Jacobs. Y antes de decidir si me gustan o no, me pregunto ¿es un chiste, no?

Me imagino a los dueños de Louis Vuitton, aburridos después de una reunión, tomándose un whisky y ya medio alegres, diciendo …a ver… ¿qué es lo más ridículo por lo que podríamos hacerles gastar una fortuna a nuestros clientes? Ahhhh!….. ya sé…. ¡una bolsa de basura por casi US$2000! Le ponemos el logo bien grande y seguro alguien la compra…. jajaja.

Por favor, ¡ayuda!, esto desafía mis límites de buen gusto y comprensión.

También me parece que cuando algo es muy caro, mucha gente ni siquiera se pregunta si está bueno o no. Simplemente da por hecho que es bueno.

Ojo, quiero aclarar que soy tan víctima como cualquiera y no me hago la superada. Seguramente estas carteritas, por más bolsas de basura que sean, estarán hechas de un cuero impecable.  Pero creo que la gente de Louis Vuitton ya se está excediendo. Y me parece genial. Se tienen que divertir entre tanto lujo, no?

La buena noticia para todos los fanáticos de las imitaciones de Louis Vuitton es que ya no tienen que esperar que alguien viaje a Nueva York y te traiga una de Chinatown. Ahora agarrás una bolsa de residuos de $1, le dibujás el loguito, le pegás una tirita de cuero que parezca más o menos buena y listo.

Hacer dieta: todo un desafío (para mí).

Antes de empezar quiero decir que esto es sólo mi opinión. Es sólo mi verdad, mi experiencia. Y no quiero decir que así sean las cosas ni que esto le pase a todos igual. Y que me da un poco de vértigo publicarlo, ya que es un poco íntimo. Pero viene bien compartirlo. Tal vez así empiece a cambiar.

Para mí, la gordura es, en parte, tristeza y ansiedad. Es peso que uno lleva de más (literalmente y no). Son cosas que uno se mete adentro, como la comida, que nos hacen sentir apretados, como la ropa. Son cosas que uno no supo cómo manejar, más que comiéndoselas.

Y es, sobre todas las cosas, un desafío gigante deshacerse de ella, al menos para mí.

Uno puede engañarse de mil maneras, uno puede enojarse, ignorar los kilos de más. Decir: “me cago en todas las flacas y anoréxicas. Yo soy feliz así.” Y tal vez sea cierto. Pero tal vez no.

Al menos hasta que uno se anime a mirarse de frente, tal como es, y enfrentarse a sí mismo, sabiendo que la comida está ahí siempre.

Hacer dieta es aceptar que uno no tiene 20 años eternamente, cuando se comía lo que quería y no pasaba nada. Es aceptar que no puede todo. Que si uno quiere algo (como sentirse mejor con su propio cuerpo y su propia vida), tiene que renunciar a Freddo, por más que lo ame, por más que nos haga felices mientras dura. Pero dura tan poco.

La gordura nos pone en una situación de inferioridad por la cual uno siente envidia no sólo por la gente flaca sino también por la gente capaz de sostener una dieta, que no es más ni menos que la gente capaz de encuadrarse, de esperar y de respetar las leyes de la naturaleza: si comés sano y bien, estás sano y bien. Si no, no.

Cada comida es una oportunidad de hacerse bien o hacerse mal.

Bajar de peso es sacarse lastres de encima, y enfrentarse al mundo sin grasa de por medio. Es enfrentarse de una vez, sin tantas vueltas, a saber que obviamente lo más importante es la belleza interna, pero que la externa ayuda muchísimo. Y se retroalimentan. Porque cuando uno se siente mal con uno mismo, uno se tapa, se esconde. Y me pregunto, ¿de qué se esconde?

Hacer dieta, para mí, es lo que decía Aristóteles. “La batalla más grande es con uno mismo. Es más valiente quien se anima a conquistar sus deseos, que quien se anima a conquistar a sus enemigos.”

Importa darse la oportunidad. Importa pensar en lo que uno puede lograr si no se mete esa (malvada) galletita en la boca. Es poder postergar los caprichos, los impulsos, los deseos inmediatos, en pos a otros deseos, más importantes y perdurables.

Es ponerse límites a uno mismo. Y por más ayuda que uno tenga, uno está solo con su propia historia, con sus costumbres, sus impulsos, sus mandatos familiares y sociales. Sabiendo que no existe la magia y que no se puede comer como un packman.

Escribo esto ahora, a punto de empezar un tratamiento, básicamente comer sano y ordenado. (Para los que no me conocen, aclaro que no tengo taaantos kilos de más. Pero sí me hacen sentir mal.) Y, como corresponde, empiezo el lunes.

Por último quiero decir que admiro a las personas que son felices con ellas mismas, así estén flacas, gordas, bajas o altas, rubias o morochas.

Gracias por haber leído y compartido hasta acá.

¿Quiénes somos los argentinos?

En Buenos Aires uno puede encontrar el Soho y Hollywood a sólo unos pasos de distancia. Mientras que en Estados Unidos, uno tiene que tomarse un avión, pagar aproximadamente 500 dólares y viajar de una punta a la otra del país por más de 6 horas.

Me pregunto a quién se le ocurrió llamar Palermo Soho a Palermo viejo.

¿Habrá mirado los precios y pensó que estaba en Nueva York? ¿Habrá pensado que ser viejo no estaba bien, aunque se tratara del nombre de un barrio?

Y cuando caminaba por Palermo Hollywood, ¿se habrá cruzado con alguna súper estrella, tipo Jorge Rial y dijo “esto es igual a Hollywood”?

Quiero decir que Buenos Aires me parece una ciudad preciosa. Pero me cuesta entender por qué los argentinos (algunos) queremos ser (y/o parecer) algo que no somos.

Encima, como para agregar más confusión a la identidad de la ciudad, si uno camina un poco más, se encuentra con barrios que según mucha gente, bien podrían pertenecer a Francia o a Italia. ¿O no es Buenos Aires la ciudad más “europea” de Latinoamérica?

Por otro lado, creo que en pocos lugares del mundo hay tanta obsesión con la imagen como acá.

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Un puerperio de casi 5 años y Laura Gutman

Quiero decir, para los que no me conocen, que empecé a trabajar un poco antes de cumplir 18 años. Todo empezó porque me quería ir de vacaciones con unas amigas y mi papá me dió plata para 15 días, cuando yo quería quedarme un mes. Trabajé de moza, de secretaria. Hasta que después empecé a estudiar publicidad y entré al mundo de las agencias. Una vez que entré no salí. Trabajé hasta los 28 años en Argentina y después en Nueva York por 6 años más.

Volvimos a vivir a Buenos Aires porque había nacido mi hija y realmente estábamos muy solos allá, además de que yo tenía que viajar mucho por trabajo. Y no podía soportar la idea de pasarme muchos días sin ver a mi bebita chiquita. Además, de que una niñera en Estados Unidos es realmente carísima. Pero en realidad, esto era lo menos importante al momento de decidir la vuelta.

Desde que nació mi primera hija trabajo de manera freelance. Tuve la enorme suerte de poder mantener casi la mayor parte de estos años mi trabajo en Estados Unidos. No de forma permanente, pero sí cada tanto, lo que me permitió dedicarme bastante a ella.

Contado así suena muy bien (ahora que leo lo que estoy escribiendo). Pero esto fue también realmente difícil.

Creo que durante la mayor parte de mi vida tuve sobre todo claro un tema, que me ayudaba a estructurarme: el trabajo. Siempre trabajé mucho. Y me encantaba.

Hasta que Sofía apareció en mi vida. Y realmente fue un quiebre enorme, un lavado de cerebro y alma tan profundos que realmente me convertí en otra persona. Millones de cosas cambiaron dentro mío. La mayoría para bien. Pero muchas para mal también. Es como que de pronto no tenía cabeza para el trabajo, sobre todo porque durante el primer año Sofi dormía bastante mal. Todo lo que siempre me había resultado sencillo y divertido, se volvió difícil y a veces casi imposible. Tampoco disfrutaba del todo pensar en pañales todo el día. Pero mi cabeza pasó por una etapa de lobotomía donde mis pensamientos estaban lentos. Y sufría por no tener más la energía para trabajar que siempre había tenido. Digo, esto no fue un problema espiritual nada más. También fue un problema económico. Y de energía, porque sinceramente, dentro mío, no encontraba por ningún lado la fuerza que siempre había tenido.

En un punto me gustaba trabajar así, cada tanto, pasando períodos sin trabajar casi nada. Después de tantos años sin parar, me parecía maravilloso. Además, sé la suerte que tenía (enorme suerte) ya que la mayoría de la gente tiene que volver a sus trabajos con todo lo difícil que eso es después de haber sido madre. Pero también tengo amigas que estaban desesperadas por volver a trabajar ya que estar todo el día con un bebé les resultaba demasiado agotador. Y las entiendo.

Yo sé que no hay verdades sobre este tema, que cada uno hace su propia experiencia de la mejor manera posible. Pero en los momentos donde me sentía sola y aislada del mundo exterior, me ayudó muchísimo encontrarme con los libros de Laura Gutman. Ella se especializa en crianza y tiene una visión muy amplia e inteligente sobre la maternidad y el período posterior al nacimiento, donde los campos emocionales de la madre y el bebé se fusionan.

Laura Gutman me hizo sentir más acompañada, más comprendida y más normal de lo que yo me sentía. Y cuando mi hija ya estaba un poco más grande, empezando el jardín y yo estaba recuperándome un poco (a mí misma), quedé embarazada nuevamente y todo volvió a empezar. Un poco más fácil esta segunda vez, pero muy intensa también.

Escribo esto ahora, con la enorme felicidad de estar recuperando unas ganas que sentía perdidas. No son exactamente las mismas ganas que tenía antes de que mis hijos aparecieran en mi vida, pero sí son ganas. Y, sin dudas, tengo más ganas de trabajar ahora que cuando trabajaba todo el día sin parar. Y eso, para mí, después de tantos años, es mucho.

Valeria Lynch: Menos, dame cada día menos.

Ya sé que me estoy arriesgando a quedar como antipática. Pero es que es más fuerte que yo y ahí va, lo tengo que decir: no puedo con Valeria Lynch en la campaña del Banco de Galicia. Me aturde.

Desde mi humilde punto de vista, no canta: grita, hace gárgaras.

No es nada personal, ella parece divina. De hecho, es la única explicación que encuentro para que le vaya bien.

Cada vez que voy manejando el auto y aparece en la radio la publicidad del Banco de Galicia, donde canta “Maaaaaás, me das cada día más”, me avalanzo sobre la radio y cambio. No me importa si choco. Y si llega a aparecer en tele, cambio en 0,0000001 segundos. Viva el zapping.

Esto me recuerda a una publicidad que había cuando yo era chica, de una compañía de medicina prepaga que se llamaba Medicorp. Había una señora con el pelo platinado que sostenía el carnet sonriendo. Todos decían que era la esposa del dueño. La publicidad era absolutamente espantosa. Tan horrible era que aún la recuerdo. Incluso me acuerdo del jingle que usaban. No sé si le habrá ido bien o no a Medicorp. Hace muchísimo que no escucho nada (gracias a Dios!). Esto prueba que la pésima publicidad también produce recordación. Pero dudo mucho que genere compra.

De todos modos, esta campaña del Banco de Galicia no me parece tan mala como la de Medicorp. Pero al menos a mí, no me da nada de ganas de ir al Banco de Galicia. A ver si en las sucursales de fondo te pasan a Valeria.

¿No seremos demasiado machistas algunas mujeres?

(Por cuestiones obvias, no puedo decir de quién hablo, pero es alguien cercano a mí)

Ella es una profesional exitosa, muy bonita, inteligente y soltera. Vive sola, sale con amigas y cada tanto, con amigos y hombres que la invitan. Y tiene más de 30 años.

Hace poco conoció a un hombre que parecía interesante: 36 años, profesional, soltero y, por suerte para ella, heterosexual.

No se conocían. Pero una amiga mía la vió a ella en un concierto y le dijo que tenía un amigo para presentarle.

El la llamó unos días después, estuvieron hablando por teléfono un rato largo. Se cayeron bien y decidieron conocerse personalmente. El la pasó a buscar a la 1 de la mañana porque antes tenía una cena. Acá es donde me doy cuenta de que debo estar vieja, porque yo ni loca saldría con un tipo a esa hora, y menos si es la primera vez que lo veo. Pasó lo obvio, tenían sueño y la cita transcurrió entre bostezos. O sea, no pasó nada. Nunca más hablaron ni se vieron.

Ahora hablo de mí. Porque todo esto me hace acordar a mis épocas de soltera, donde estas situaciones me hacían sentir que iba a ser soltera por siempre. Me acuerdo que la gente me decía que iba a conocer al hombre para mí cuando menos me lo esperara. Y eso me ponía peor, porque yo me lo esperaba todo el tiempo.

Digo, ya bastante difícil es conocer gente afín a uno, con quien compartir cosas y pasarla bien, como para encima seguir respetando ciertas “reglas” que suenan bastante demodé.

¿Por qué es el hombre quien tiene que llamar a la mujer? ¿Por qué no puede la mujer llamar primero, si tiene ganas? ¿Sonaría muy desesperada?

Todo esto lo pregunto sin tener una respuesta. Yo también esperaría a que me llamaran. Pero me molesta tener que esperar, me hace poner ansiosa e ir contra mis deseos a veces. Y también, no creo que dependa de quién llame primero que la posible relación funcione o no. Digo, tuve varias relaciones que no funcionaron aunque cumplí con todas estas “reglas” establecidas socialmente. Y sinceramente no sé para qué sirven. Es mucha presión para todos, para los hombres y para las mujeres también. Ellos son quienes deciden los tiempos y ellas son quienes tienen la respuesta.

¿No será mucho pedir en una época donde las relaciones son tan complicadas? (Según un estudio la mitad de los porteños viven solos). Y estar soltera cuando el reloj biológico te grita TIC TAC no es nada sencillo.

Digo todo esto sabiendo que muy probablemente todo siga igual. O que tengan que pasar muchas generaciones para que esto cambie, casi como una cuestión evolutiva del ser humano. Además, sinceramente, yo no recuerdo haber roto demasiado las reglas establecidas por la sociedad. Ni siquiera las que me parecen tontas.

Los padres se ponen viejos, qué feo.

Hay pocas cosas que me pongan más triste que ver envejecer a mis viejos. Realmente no me gusta verlos con más canas, con más arrugas y con menos tiempo por delante.

En realidad, ellos y yo no tenemos ni nunca tuvimos la relación más sencilla. Yo soy hija única y ellos se divorciaron cuando yo tenía 13 años.

Recién cuando nacieron mis hijos ellos se aceptaron como familiares y volvieron a hablarse más normalmente. Es raro, pero a esta altura parecen casi hermanos. Pasé muchísimos años repartiendo mi tiempo entre ambos. Un fin de semana con uno. Un fin de año con otro. Y así.

Ahora hasta pasamos juntos las fiestas, los cumpleaños e incluso alguna que otra salida.

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Gimnasio: odio ir, amo salir.

Voy/no voy a un gimnasio que se llama Always. Y el nombre siempre me parece irónico, ya que a mí me cuesta tanto ir que no voy casi nunca.

Cada vez que me subo a una cinta para caminar o correr me siento un hámster.

Nunca logro ir con regularidad. Y tampoco jamás logro disfrutarlo. Las veces que probé clases que demandaran cierta coordinación, como la de aeróbics, terminé sintiéndome casi espástica y yéndome.

Ahora, debo decir que en mi lucha contra la ley de gravedad y los helados, a veces, cuando la cabeza me funciona un poco mejor, logro ir. Es más, pagué todo el año para obligarme. Y, para colmo, el gimnasio queda exactamente a la vuelta de mi casa. Sí, ya sé, lo mío es vergonzoso.

¡Hoy sí fui al gimnasio! (acaba de empezar el año y el 31 de diciembre me juré que iba a ir). Hice una clase de spinning, que es una de las cosas que menos detesto. Cada vez que miro el reloj, desesperada por que la clase termine, me doy cuenta que sólo pasaron ¡10 minutos!

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Sandro

Nunca seguí su música. Pero este último tiempo lo seguí a él.

Me emocionaba mucho ver a un ser humano siendo tan querido por la gente. Y más me emocionaba verlo luchar tanto por la vida, saber que estaba colaborando con los médicos y que verdaderamente quería vivir. Cada vez que leía alguna noticia sentía que internamente hacía fuerza por él, que quería que saliera adelante y que volviera a cantar “Rosa, Rosa”.

Me dió mucha pena leer que se murió.

Lo leí en el diario La Nación hace unos 15 minutos.

Aparte de esto, no pude evitar ver la lista de las noticias más leídas (un vicio que tengo). Y no podía creer, que en medio de la muerte de un ícono argentino, la noticia más leída del diario sea “El topless de María Susini”.

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Antes no sabía quién era Barney.

Antes no me bañaba cantando las canciones de Adriana.

Antes no me sabía la programación completa de Discovery Kids y Playhouse Disney.

Antes no me daba cuenta de que los cuentos infantiles son tan terroríficos: Bambi pierde a la madre, el lobo se engulle a la abuela de Caperucita, Cenicienta queda huérfana en manos de su madrastra mala, a Blancanieves la envenenan, etc.

Antes me levantaba después de las 10 de la mañana. Y los fines de semana, después de las 12.

Antes salía de noche cuando quería, hasta la hora que quería.

Y jamás pensaba que cada minuto que pasaba era un minuto menos que me quedaba para dormir.

Y dormía 8 horas seguidas y no tenía ojeras hasta el piso.

Antes, de noche, caminaba por mi casa haciendo todo el ruido que quería y tiraba la cadena del inodoro sin miedo a despertar a nadie.

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La machista y genial publicidad argentina

Hace unos días (el 29 de noviembre) salió en la tapa de la revista de La Nación una nota sobre la publicidad argentina y los mejores creativos: El poder de las buenas ideas (hacer click aquí para ver la nota) Y ¡¡¡¡oh, sorpresa!!!! son todos hombres.

Trabajé con algunos de ellos. Y sí, son geniales, brillantes y divertidos. Excelentes creativos publicitarios de quienes aprendí mucho. Pero me llamó la atención que al final de la nota hablan de por qué creen que no hay mujeres en este grupo.

Me gustó lo que dice Carlos Pérez, presidente de BBDO y del Círculo de Creativos: “Esta es una actividad machista. Se prejuzga que las mujeres no saben manejar el talento o que tienen menos tolerancia a la frustración. Se dice que no se puede trabajar con mujeres porque se ponen a llorar cada vez que les rebotan un proyecto, y causa risa”.

La verdad es que causa risa y no, ya que la realidad indica que la mayoría piensa así. Y con este criterio no habría mujeres trabajando más que de maestras jardineras.

Yo quisiera proponer otro punto de vista.

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TED: 10 COSAS QUE NO SABIAS DEL ORGASMO

(Viene con subtítulos)

HELP! cumplo años!

Estoy a punto de cumplir años.

La canción dice “que los cumplas feliz” y en este momento me suena casi como si fuera una órden, como que uno tiene que estar feliz en determinados momentos, como en los cumpleaños, por ejemplo. Y yo, en este momento tengo sentimientos un poco mezclados.

Será porque estoy cumpliendo un número que me suena grande, que se acerca probablemente a la mitad de la vida.

Y otro tema que no puedo dejar de lado es que, aunque mañana sea yo la que cumple años, la edad avanza para todos. Y últimamente me pone un poco triste ver a mi mamá y mi papá mayores. Entiendo que es la ley de la vida, pero igual no puedo evitar sentirme así.

Algo que me pasó en estos días previos al cambio de edad es que me empecé a acordar del discurso que dió Steve Jobs (el creador de Apple, Pixar, etc.) en la Universidad de Stanford (pueden verlo en la página 3 de este blog, en un post de 20 de julio). Para mí es único y maravilloso.

En la charla que les da a los chicos que se recibían, él habla de las cosas que le cambiaron la vida. Y una es haber estado cerca de la muerte. Steve tuvo cáncer y fue trasplantado del hígado exitosamente este año. O sea, él encontró una manera de usar algo tan tremendo a favor de la vida, a su favor. Y, de hecho, aunque tuvo un cáncer complicado, él está vivo y trabajando en los proyectos más increíbles y desafiantes.

Steve Jobs dice que al tener presente que la vida tiene fin, uno puede ver todo con una perspectiva nueva, relativizando mucho más.

Salvando los millones de diferencias entre él y yo (tampoco cumplo taaaantos años ni estoy enferma) sí quisiera tomar esta propuesta de Steve. Un poco porque hay algunas cosas que fui postergando, en pos de otros sueños más grandes, como tener hijos y una familia con amor. Pero ahora que mis hijos ya están un poco más grandes (¡y divinos!), creo que para mí llegó el momento de retomar esos proyectos, de sentir un poco más de adrenalina y “urgencia” sobre ciertas cosas; sabiendo que uno no tiene todo el tiempo del mundo para esperar. Y que es bueno arriesgarse y avanzar. Porque una cosa es cumplir años y transcurrir y otra muy distinta es vivir.

Lo digo en este momento en particular, al borde de tratar de apagar las velitas con un matafuegos. Jajaja…. buaaaaaahhh….

Gracias por dejarme compartir esto con ustedes.

Parto, ¿es para temer?

(Para mi amiga Natalia, que está embarazada de su primer bebé, pero que ya es una maravillosa madre).

Muchas veces escuché lo mismo, lo que le da miedo a las mujeres no es tener hijos sino el parto. A mí me pasa exactamente alrevés. Más que nada porque el parto dura un rato, a los sumo algunas horas. Y los hijos son para siempre.

Yo tengo dos hijos y tuve sólo estas experiencias. Si bien fueron muy diferentes, ambos fueron lo más maravilloso que me pasó en la vida. Por supuesto que la primera vez estaba muy asustada. Pero me dieron tal dosis de peridural que no sentí absolutamente ningún dolor. Debo decir que se equivocaron, me dieron de más, porque no sentí nada, con lo cual ni me dí cuenta del momento en que nació Sofi. Sólo me enteré de que estaba afuera cuando la escuché llorar. Cabe aclarar que Sofía nació en Estados Unidos, donde la medicina es muy diferente a la argentina.

Con Dante fue alrevés, él nació en Argentina. Llegué a la sala de parto con el bebé listo para salir. Y no me dieron casi peridural (“aguantá, nena”, me decía el doctor), con lo cual sentí todo, to-do.

Ambos, fueron experiencias opuestas desde el punto de vista del dolor. Pero ambas fueron las más maravillosas, milagrosas, impresionantes, tremendamente fuertes, bueno… no hay muchas más palabras para describir lo que es ver salir un ser humano de adentro de uno.

Los días posteriores a los nacimientos de mis hijos fueron agotadores, por supuesto. Pero yo tenía una felicidad casi eufórica. Lo digo así porque fue casi desmedido. Fue felicidad plena, algo que uno siente poquísimas veces en la vida. Y mucho más en estas proporciones. Estaba realmente agradecida a la vida y no podía creer tener tanta suerte por tener hijos y que además fueran sanos y maravillosos.

En mi caso, creo que tendría un tercer hijo para tener una oportunidad más de pasar por el parto. Y también de amar a una persona más tanto, como sólo se puede amar a los hijos.

En inglés, parto se dice delivery (entrega). Y me parece una palabra hermosa para los que significa traer a un ser humano a este mundo.

La naturaleza se apodera de nuestros cuerpos y no hay más que entregarse al proceso milenario, gracias al cual todos estuvimos, estamos o vamos a estar en este planeta.

Lo único que tengo para quejarme es que me parece que la medicina convencional no comprende del todo el sentimiento de una mujer, que entra con una panza gigante, que tiene las piernas abiertas frente a varios desconocidos, que está sintiendo de todo y todo junto, que está por conocer a su hijo. Para los médicos (al menos lo que me tocaron a mí) un parto es un hecho médico más. Y para uno, es lo más fuerte que le pasó en la vida. Por eso me parece que vale la pena buscar médicos, parteras y lugares donde tener al bebé donde uno se sienta verdaderamente cómodo y donde respeten los sentimientos tanto como todo lo demás. Porque cuando los hijos nacen, uno renace. Y no hay algo más milagroso que eso: la vida en todo su esplendor.

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Themed by: Hunson