Los invito a leer esta nota que acaba de salir en Clarin.

Hagan click acá: Crece el reinado del hijo único y cae el mito de que son tiranos

En Capital, una de cada 4 mujeres tiene un solo chico. Hace 70 años, el 15% de las madres tenía un solo hijo. Ahora son el 25%. En la percepción popular, estos chicos suelen ser malcriados y egoístas. Varios estudios indican que ese estereotipo es falso.

Believe it or not, esta pequeña noticia que acaba de salir en Clarin me libera. La verdad es que la podrían haber publicado varios años antes y me hubieran ahorrado unas cuantas sesiones de terapia.

Soy hija única y siempre escuché -y aún escucho- que muchos de mis defectos se los debo a ser hija única. Al menos ahora sé que mis defectos son menos obvios y que quienes me los atribuyen tienen como mínimo el defecto de estar mal informados.

Creo que cualquiera que es hijo único sabe compartir y tiene amigos que vienen a veces a ocupar el lugar de hermanos. Y como dice la nota, el carácter del chico depende mucho más de la crianza que le hayan dado sus padres que del hecho de ser hijo único. Siempre recuerdo a mis amigas con hermanos envidiándome por no tener que compartir los juguetes. Y yo envidiándolas a ellas por tener con quién jugar.

Hubiera realmente preferido tener hermanos. Sinceramente creo que es una compañía y un amor que probablemente no se pueda igualar.

Si bien sigo viendo a muchos de mis amigos de la infancia que a esta altura son más familia que amigos, bueno, lamentablemente sé que no puedo contar con nadie a la hora de hacerme cargo de algunas cuestiones familiares. 

Muchas veces pensé en adoptar un hermano que me ayudara a soportar a mis padres, pero no creo que nadie hubiera querido.

Cuando nació mi hija, siempre supe que quería que tuviera hermanos (al menos uno). Y ahora, que tengo dos hijos, me alegra el corazón profundamente ver cómo se quieren. Pero todos sabemos que hay hermanos que ni se hablan, que no cuentan con el otro, etc. Y probablemente eso sea peor que no tenerlo. Ustedes me dirán.

Para terminar, la unicidad la tenemos todos, aunque tuviéramos 10 hermanos. Por suerte, nadie es igual a nadie, más que a sí mismo. 

(Le dedico esta nota a mi madre, con cariño y no)