
El último sábado nos invitaron (a mi marido y a mí) al concierto que dió Spinetta en el teatro Coliseo. Mi marido es muy amigo del tecladista y cada tanto tocan juntos.
El concierto, excelente, fue interrumpido en un momento porque Luis quiso saludar a la mamá de Cerati, que estaba entre la audiencia.
Después del concierto, nos invitaron a pasar al baskstage. Ahí estaba exultante “El flaco”, saludando a todos, ofreciendo empanadas, divino, realmente. Y en ese momento fue cuando vi a la mamá de Gustavo, sentadita como si fuera uno más, comiéndose una empanada.
Yo trataba de no mirarla, pero su imagen es muy fuerte. Primero, es muy parecida a su hijo. Y segundo, es una señora muy mayor, que está pasando por algo muy terrible.
Me sorprendían varias cosas: es de público conocimiento que la madre de Gustavo está dedicada a acompañar a su hijo en Fleni, donde está internado. También la escuché en algún reportaje diciendo que ella era optimista porque su hijo era “un chico” fuerte. Digo, me sorprendía verla entre los músicos a altas horas de la noche. Pero seguro que para ella debe ser algo que habrá hecho muchas veces antes. También pensaba que seguramente no era casualidad que una mujer así, que estaba sonriente cuando podría estar deprimida con toda razón, tuviera un hijo tan talentoso y querido por tanta gente en todo el mundo.
En un momento la escuché decirle con cariño a uno de los músicos que le recordaba a su hijo. Y ahí se me partió el corazón. Con lo cual empecé a sentir que ella estaba ahí un poco en representación de su hijo y otro poco buscándolo en otros músicos, como si eso pudiera acercarla a él un poco más.
Ya sabemos cuál es el único regalo que haría feliz a esta señora en el día de la madre. Ojalá suceda. Sabemos que es muy difícil, pero como el mismo Gustavo escribió, hay veces que él quiere hacer “cosas imposibles”.