El otro día estaba viendo la tele y apareció un comercial de una famosa marca de salchichas. No estaba prestando mucha atención, pero hubo algo que me sorprendió: terminaba en la cocina, con la mamá sirviendo la comida a la familia (todo lo usual hasta aquí) hasta que la hija le dice a los padres “Todos estamos mejorando”, haciendo alusión al plato que le estaba sirviendo la madre: ¡panchos!

No creyendo lo que había oído, o no sabiendo si la chica lo había dicho de modo irónico, esperé a la siguiente vez que apareciera el comercial. Y esta vez sí presté atención. Está muy bien filmado y producido y los chicos actúan muy bien.

Todo empieza con una reunión de padres en una escuela. Y los chicos reuniéndose también en el gimnasio, diciendo que en la vida hay que esforzarse para mejorar. Muy bien hasta aquí.

Para no extenderme, ya que seguramente verán este comercial en algún momento, la idea es que los chicos se esfuerzan y mejoran (en la escuela). Y, haciendo el típico paralelismo, también los padres se esfuerzan y mejoran (en este caso, en la preparación de la comida)….. Entonces…… ¿cómo se esfuerzan y mejoran?…… ¡preparando salchichas!

Suena tan ridículo que me parece que algo habré entendido mal. Porque está muy bien hecho el comercial, sólo que falla lo más importante: el mensaje. Además, todo el mundo sabe que las salchichas no es la mejor comida del mundo, que tendrá proteínas, pero que suele ser un menjunge. Y que, aunque a los chicos les guste mucho, uno se los da de vez en cuando.

Me pregunto: ¿qué puede resultar menos esfuerzo que preparar panchos? ¿Servir el alpiste del canario?, ¿la comida del perro?, ¿lechuga sin condimentar?

Encima ¡ni siquiera después tenés que lavar los cubiertos!