
Hace unos días (el 29 de noviembre) salió en la tapa de la revista de La Nación una nota sobre la publicidad argentina y los mejores creativos: El poder de las buenas ideas (hacer click aquí para ver la nota) Y ¡¡¡¡oh, sorpresa!!!! son todos hombres.
Trabajé con algunos de ellos. Y sí, son geniales, brillantes y divertidos. Excelentes creativos publicitarios de quienes aprendí mucho. Pero me llamó la atención que al final de la nota hablan de por qué creen que no hay mujeres en este grupo.
Me gustó lo que dice Carlos Pérez, presidente de BBDO y del Círculo de Creativos: “Esta es una actividad machista. Se prejuzga que las mujeres no saben manejar el talento o que tienen menos tolerancia a la frustración. Se dice que no se puede trabajar con mujeres porque se ponen a llorar cada vez que les rebotan un proyecto, y causa risa”.
La verdad es que causa risa y no, ya que la realidad indica que la mayoría piensa así. Y con este criterio no habría mujeres trabajando más que de maestras jardineras.
Yo quisiera proponer otro punto de vista.
A mí me parece que hay una diferencia biológica (¡epa!). Lo digo porque siempre escucho lo mismo: cuando las mujeres hablan con sus maridos de qué hicieron durante el día, la lista de lo que hacen las mujeres es mucho más larga en comparación a la de los hombres. Los hombres pueden dedicarse a trabajar, en general. Mientras que las mujeres, además de trabajar, nos dedicamos a que esté llena la heladera, que los hijos estén bien, que la ropa esté limpia (aunque no lo hagamos nosotras), etc. En resúmen, las mujeres somos más multi-función.
También hay un tema de edad y elección, que seguramente tiene que ver con el reloj biológico.
Cuando viajé a Nueva York para trabajar, me habían contactado de dos agencias, una The Vidal Partnership (donde trabajé durante más de 4 años) y también de Fallon, una agencia que siempre había admirado. En Fallon tuve 4 entrevistas, y cuando estábamos charlando de cómo hacer la visa de trabajo pasó lo impensable: fue el atentando contra las Twin Towers. Y como Fallon era la agencia de United al poco tiempo les empezó a ir muy mal y cerraron la sucursal de NYC. Entonces me ofrecieron entrar a la sucursal de Fallon Minneápolis. A los 23 años hubiera dicho que sí, sin pensarlo: pero aunque yo tenía sólo algunos años más, ya había conocido al que luego sería mi marido. Me fascinaba Nueva York. Y decidí no aceptar la oferta, cosa que en otro momento de mi vida hubiera sido una locura total.
Cuando trabajaba en Agulla & Baccetti (en la época en que estaban Agulla y Baccetti), junto a mucha de la gente más brillante de la publicidad argentina, tenía la sensación de no pertenecer. Durante todo el tiempo que estuve ahí, no había casi mujeres en el departamento creativo. Hubo sólo dos directoras de arte (las cuales estuvieron por poco tiempo) y una diseñadora gráfica de la cual me hice amiga.
Como mujer, era muy difícil insertarse en las charlas de fútbol, tetas y culos. Aunque después de un tiempo hasta opinaba.
También me parece que Argentina es un país muy particular en este aspecto. Por un lado hay pocas mujeres trabajando en departamentos creativos y también hay gente mucho más jóven que en otras partes del mundo. Acá el tema de la edad es un tema, casi como si se tratara de jugadores de fútbol.
No sé, tal vez pienso así porque pertenezco a este anti target de creativos publicitarios-mujeres-de más de 30. Pero confío en que esto irá cambiando en algún momento. Porque los mismos que aceptan ser machistas, son a la vez gente realmente muy inteligente.