
Estaba viendo el noticiero: políticos reunidos definiendo el futuro de nuestro país y, en consecuencia, de todos nosotros, ¿no? …Bueno, nada nuevo. Solo que esta vez un hecho por demás superficial me llamó la atención: había una gran bandeja en medio de la mesa con una última medialuna. La medialuna se veía exquisita, verdaderamente irresistible.
¿Por qué nadie se comía esa medialuna?, me pregunté.
En los 30 segundos que duró la nota, nadie osó tocarla, supongo que para no quedar adelante de todos como un angurriento, un egoísta, etc.
¿Y por qué es este mandato tan fuerte que logra que todos se aguanten resistir deseos imperiosos en pos de deseos potenciales de los demás?
Teniendo en cuenta la gente que participaba de esa reunión, políticos y sindicalistas de muchísimo poder (no vale la pena dar nombres), pensé que sería ideal si pudieran aplicar la misma lógica en otros ámbitos: por ejemplo, la política del país. O sea, pensar que puede haber alguien que pueda querer o necesitar una “medialuna” más que ellos y abstenerse de meter la mano en el plato, la lata o como quieran llamarlo.